Feliz 2011


 

Propósitos (lectores) para 2011

1. Leer más.
2. Releer más. Hay libros que merecen ser leídos más de una vez.
3. Ordenar la biblioteca.
…4. Poner en eBay los malos libros (siempre hay un roto para un descosido).
5. Abandonar la lectura si en la página 50 ya se ve que el libro no cumple las expectativas ni las cumplirá, es malo o aburrido. El tiempo de lectura es valiosísimo, y hay que aprovecharlo al máximo.

 

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Roky Erickson: El genio musical que atraveso la locura y el infierno


 

Un Genio desequilibrado, un héroe perdido del rock n roll.

Un fanatico de las historietas y de viejas películas de terror.

Precursor del rock psicodélico, de sucios riffs de garaje, letras de demonios y aliens que rondan en su perturbada cabeza, un brillante loco con la fuerza vocal de un negro, con gritos monstruosos inspirados en El Padrino Del Funk  James Brown.

Una mente fabulosa. Se podría decir que las drogas lo destruyeron, pero al igual que Syd Barret nos brindaron canciones de otros mundos, sonidos fuera de esta realidad aburrida y cotidiana.

La drogas abrieron las mentes de estos dos genios de la música.

Rocky Erikson: Un salvaje forajido del rock n roll

El Peyote,la mescalina y su guitarra fueron sus compañeros de viaje durante su estancia con los  13 Floor Elevators.

Los 13 Floor Elevators  era una banda turbulenta: hard rock, blues rompe dientes y psicodelia.  Buscados y acechados por la policía local. En una ocasión llegaron a romperles todo su equipo músical en busca de drogas.

En una ultraconservadora ciudad como Austin Texas, la banda era el caos total, la mala influencia para los jóvenes de la comunidad. Aun asi la banda era dura y hacia conciertos y discos sin recibir ni un solo dólar, a cambio se llevaban golpizas e insultos.

Un joven Roky Erikson empieza a perder el control con los acidos, el resultado de esto fue peor de lo esperado. Fue arrestado e internado en un Instituto mental sometido a brutales tratamientos como electro shocks, provocándole severos daños físicos y mentales. En un segundo arresto se le declaro insano mental y fue recluido 3 años en un sanatorio mental de criminales. Dentro compuso alrededor de 100 canciones y formo un grupo del cual el era el único integrante que no había asesinado a nadie.

Roky salió en 1972 gracias a su hermano y novia quienes contrataron a un abogado que declarara que Rocky estaba completamente sano. Desafortunadamente nuestro Roky no fue el mismo, debido a las torturas a las que fue sometido.

Un Roky totalmente frágil y deteriorado se embarca de nuevo en el mundo de las drogas.

Amigos cercanos y el lejendario músico tejano Dough Sham lo apoyan para que vuelva a entrar al estudio. De ahí salieron demoniacas obras de artes como Two Headed Dog. Forma una nueva banda llamada Bleib Alien, en las letras se hace notar el desequilibro mental de Roky.

Con problemas de esquizofrenia, medicamentos y drogas, empieza a pelear con sus demonios internos, llegando a declarar públicamente que el era una alienígena. Totalmente paranoico coloca gran cantidad de instrumentos y equipos de sonido en su casa, para no tener que escuchar las voces que lo atormentaban en su cabeza. Destruido y desorientado Roky paso los años 80s y 90s como un vagabundo loco.

En 2001 salio de ese agujero oscuro gracias a su hermano quien obtuvo su custodia y empezó a proporcionarle tratamiento medico y un hogar.

Para ese entonces la leyenda de Roky Erikson ya era grande, y en el año 2005 regreso a los escenarios. Tocando  en importantes festivales como el Austin City Limits Y Coachella.

Su influencia ha sido bastante grande, desde el garaje rock y la psicodélica, que bandas como R.E.M, Entombed, The Jesus And Mary Chain, Primal Scream hasta los legendarios ZZ Top le han rendido tributo.

Actualmente pasa sus días viendo Cartoon Network y comiendo Roky, un helado que nombraron en su honor.

Hace pocos conciertos al año, y no sale a parrandear, sin embargo aun tiene ese gran carisma, talento y genialidad que el diablo personalmente le entrego.

 

 

Roky no ha parado nunca de crear música, y este año ha publicado su primer disco inédito en décadas.

Este es Roky Erikson un genio que atravesó la locura, que cayo al infierno y regreso listo para dar mas Rock N Roll.

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La Última Entrevista de Roberto Bolaño Estrella Distante


La última entrevista de Roberto Bolaño


Estrella distante


Por Mónica Maristain


El martes pasado murió a los 50 años el escritor y poeta chileno Roberto Bolaño. Para muchos, ya era el mejor escritor latinoamericano de estos tiempos. Autor de culto durante buena parte de su vida, a partir del Premio Rómulo Gallegos que ganó con su novela Los detectives salvajes en 1998, su obra se empezó a convertir en objeto de devoción para más de una generación. En los últimos tiempos, además de las entusiastas bienvenidas que le brindaban medios como Libération y Le Monde y personalidades como Susan Sontag, algunos ya hasta jugaban con la idea de verlo recibir un Nobel. En la misma semana de su muerte, la periodista Mónica Maristain publicó en la edición mexicana de Playboy esta larga entrevista en la que Bolaño habla de todo: la literatura, sus años en la pobreza, su fe en los lectores, la gramática de los desesperados, el paraíso imaginario y el infierno tan temido.


E
n el desvaído panorama de la literatura en lengua española, un espacio en el que todos los días aparecen jóvenes redactores más preocupados por ganar becas y puestos en los consulados que por aportar algo a la creación artística, se destaca la figura de un hombre enjuto, mochila azul en ristre, anteojos de enorme marco, cigarrillo sempiterno entre los dedos, fina ironía a bocajarro siempre que haga falta.

Roberto Bolaño, nacido en Chile en 1953, es lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo al oficio de escribir. Desde que con su monumental Los detectives salvajes, acaso la gran novela mexicana de la contemporaneidad, se hiciera famoso y se embolsara los premios Herralde (1998) y Rómulo Gallegos (1999), su influencia y su figura han ido en crecimiento constante: todo lo que dice, con su afilado humor, con su exquisita inteligencia, todo lo que escribe, con su pluma certera, de gran riesgo poético y profundo compromiso creativo, es digno de la atención de quienes lo admiran y, por supuesto, de quienes lo detestan.

El autor, que aparece como personaje en la novela Soldados de Salamina, de Javier Cercas, y que es homenajeado en la última novela de Jorge Volpi, El fin de la locura, es, como todo hombre genial, un divisor de opiniones, un generador de antipatías acérrimas a pesar de su carácter tierno, su voz entre atiplada y ronca, con la que responde, cortés, como todo buen chileno, que no escribirá un cuento para la revista pues su próxima novela, que tratará sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, ya va por la página 900 y todavía no la acaba.

Roberto Bolaño vive en Blanes, España, y está muy enfermo. Espera que un trasplante de hígado le dé resto para vivir con esa intensidad que alaban quienes tienen la fortuna de tratarlo en la intimidad. Dicen ellos, sus amigos, que a veces se olvida de ir a la visita médica por escribir.

A los 50 años, este hombre que recorrió Latinoamérica como mochilero, que se escapó de las fauces del pinochetismo porque uno de los policías que lo encarceló había sido su compañero en la escuela, que vivió en México (alguna vez la calle Bucareli en un tramo llevará su nombre), que conoció a los militantes del Farabundo Martí que luego se convertirían en los asesinos del poeta Roque Dalton en El Salvador, que fue vigilante en un camping catalán, vendedor de bisutería en Europa y siempre un hurtador de buenos libros porque leer no es sólo una cuestión de actitud, este hombre, decíamos, ha transformado el rumbo de la literatura latinoamericana. Y lo ha hecho sin avisar y sin pedir permiso, como lo hubiera hecho Juan García Madero, antihéroe adolescente de su gloriosa Los detectives salvajes: “Estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tía insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso lo dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en mi habitación y lloré toda la noche”. El resto, en las 608 páginas restantes de una novela cuya importancia los críticos han comparado con Rayuela, de Julio Cortázar, y hasta con Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Él diría, frente a tanta hipérbole: ni modo. Así que mejor vayamos a lo que importa en esta coyuntura: a la entrevista.

¿Le dio algún valor en su vida el haber nacido disléxico?

–Ninguno. Problemas cuando jugaba al fútbol, soy zurdo. Problemas cuando me masturbaba, soy zurdo. Problemas cuando escribía, soy diestro. Como puedes ver, ningún problema importante.

¿Siguió siendo Enrique Vila-Matas amigo suyo luego de la pelea que tuvo usted con los organizadores del Premio Rómulo Gallegos?

–Mi pelea con el jurado y los organizadores del premio se debió, básicamente, a que ellos pretendían que yo avalara, desde Blanes y a ciegas, una selección en la que yo no había participado. Sus métodos, que una pseudo poeta chavista me transmitió por teléfono, se parecían demasiado a los argumentos disuasorios de la Casa de las Américas cubana. Me pareció que era un error enorme que Daniel Sada o Jorge Volpi fueran eliminados a las primeras de cambio, por ejemplo. Ellos dijeron que lo que yo quería era viajar con mi mujer e hijos, algo totalmente falso. De mi indignación por esta mentira surgió la carta en donde los llamé neostalinistas y algo más, supongo. De hecho, a mí me informaron que ellos pretendían, desde el principio, premiar a otro autor, que no era Vila- Matas, precisamente, cuya novela me parece buena, y que sin duda era uno de mis candidatos.

¿Por qué no tiene aire acondicionado en su estudio?

–Porque mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego.

¿No cree que si se hubiera emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mastretta otro sería su parecer acerca de sus libros?

–No lo creo. Primero, porque esas señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque yo ya no bebo. Tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad o el silencio.

¿Cuál es la diferencia entre una escribidora y una escritora?

–Una escritora es Silvina Ocampo. Una escribidora es Marcela Serrano. Los años luz que median entre una y otra.

¿Quién le hizo creer que es mejor poeta que narrador?

–La gradación del rubor que siento cuando, por pura casualidad, abro un libro mío de poesía o uno de prosa. Me ruboriza menos el de poesía.

¿Usted es chileno, español o mexicano?

–Soy latinoamericano.

¿Qué es la patria para usted?

–Lamento darte una respuesta más bien cursi. Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.

¿Qué es la literatura chilena?

–Probablemente las pesadillas del poeta más resentido y gris y acaso el más cobarde de los poetas chilenos: Carlos Pezoa Véliz, muerto a principios del siglo XX, y autor de sólo dos poemas memorables, pero, eso sí, verdaderamente memorables, y que nos sigue soñando y sufriendo. Es posible que Pezoa Véliz aún no haya muerto y esté agonizando y que su último minuto sea un minuto bastante largo, ¿no?, y todos estemos dentro de él. O al menos que todos los chilenos estemos dentro de él.

¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria?

–Yo nunca llevo la contraria.

¿Usted tiene más amigos que enemigos?

–Tengo suficientes amigos y enemigos, todos gratuitos.

¿Quiénes son sus amigos entrañables?

–Mi mejor amigo fue el poeta Mario Santiago, que murió en 1998. Actualmente tres de mis mejores amigos son Ignacio Echevarría y Rodrigo Fresán y A. G. Porta.

¿Antonio Skármeta lo invitó alguna vez a su programa?

–Una secretaria suya, tal vez su mucama, me llamó una vez por teléfono. Le dije que estaba demasiado ocupado.

¿Javier Cercas compartió con usted las regalías por Soldados de Salamina?

–No, por supuesto.

¿Enrique Lihn, Jorge Teillier o Nicanor Parra?

–Nicanor Parra por encima de todos, incluidos Pablo Neruda y Vicente Huidobro y Gabriela Mistral.

¿Eugenio Montale, T. S. Eliot o Xavier Villaurrutia?

–Montale. Si en lugar de Eliot estuviera James Joyce, pues Joyce. Si en lugar de Eliot estuviera Ezra Pound, sin duda Pound.

¿John Lennon, Lady Di o Elvis Presley?

–The Pogues. O Suicide. O Bob Dylan. Pero, bueno, no nos hagamos los remilgados: Elvis forever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro.

¿Quién lee más, usted o Rodrigo Fresán?

–Depende. El Oeste es para Rodrigo. El Este para mí. Luego nos contamos los libros de nuestras correspondientes áreas y parece que lo hubiéramos leído todo.

¿Cuál es el mejor poema de Pablo Neruda según usted?

–Casi cualquiera de Residencia en la Tierra.

¿Qué le hubiera dicho a Gabriela Mistral si la hubiera conocido?

–Mamá, perdóname, he sido malo, pero el amor de una mujer hizo que me volviera bueno.

¿Y a Salvador Allende?

–Poco o nada. Los que tienen el poder (aunque sea por poco tiempo) no saben nada de literatura, sólo les interesa el poder. Y yo puedo ser el payaso de mis lectores, si me da la real gana, pero nunca de los poderosos. Suena un poco melodramático. Suena a declaración de puta honrada. Pero, en fin, así es.

¿Y a Vicente Huidobro?

–Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.

¿Octavio Paz sigue siendo el enemigo?

–Para mí, ciertamente, no. No sé qué pensarán los poetas que durante esa época, cuando yo viví en México, escribían como sus clones. Hace mucho que no sé nada de la poesía mexicana. Releo a José Juan Tablada y a Ramón López Velarde, incluso puedo recitar, si se tercia, a Sor Juana, pero no sé nada de lo que escriben los que, como yo, se acercan a los cincuenta años.

¿No le daría ahora ese papel a Carlos Fuentes?

–Hace mucho que no leo nada de Carlos Fuentes.

¿Qué le produce el hecho de que Arturo Pérez Reverte sea actualmente el escritor más leído en lengua española?

–Pérez Reverte o Isabel Allende. Da lo mismo. Feuillet era el autor francés más leído de su época.

¿Y el hecho de que Arturo Pérez Reverte haya ingresado a la Real Academia?

–La Real Academia es una cueva de cráneos privilegiados. No está Juan Marsé, no está Juan Goytisolo, no está Eduardo Mendoza ni Javier Marías, no está Olvido García Valdez, no recuerdo si está Alvaro Pombo (probablemente si está se deba a una equivocación), pero está Pérez Reverte. Bueno, (Paulo) Coelho también está en la Academia brasileña.

¿Se arrepiente de haber criticado el menú que le sirvió Diamela Eltit?

–Nunca critiqué su menú. Si acaso, tendría que haber criticado su humor, un humor vegetariano o, mejor, a dieta.

¿Le duele que ella lo considere mala persona después de la crónica de aquella malograda cena?

–No, pobre Diamela, no me duele. Me duelen otras cosas.

¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que ha recibido por parte de sus enemigos?

–Muchísimas, cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?

¿Cuál es la opinión en torno de su obra que más valora?

–Mis libros los lee Carolina (su esposa) y después (Jorge) Herralde (el editor de Anagrama) y después procuro olvidarlos para siempre.

¿Qué cosas compró con el dinero que ganó en el Rómulo Gallegos?

–No muchas. Una maleta, según creo recordar.

De su época que vivía de los concursos literarios, ¿hubo alguno que no pudo cobrar?

–Ninguno. Los ayuntamientos españoles, en este aspecto, son de una probidad fuera de toda sospecha.

¿Era buen camarero o mejor vendedor de bisutería?

–El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Nunca nadie robó mientras yo estuve allí. Impedí algunas peleas que hubieran podido terminar muy mal. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión).

¿Ha experimentado el hambre feroz, el frío que cala los huesos, el calor que deja sin aliento?

–Como dice Vittorio Gassman en una película: modestamente, sí.

¿Ha robado algún libro que luego no le gustó?

–Nunca. Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito.

¿Ha caminado alguna vez en medio del desierto?

–Sí, y en una ocasión, además, del brazo de mi abuela. La anciana señora era incansable y yo pensé que de ésa no salíamos.

¿Ha visto peces de colores debajo del agua?

–Por supuesto. En Acapulco, sin ir más lejos, en el año 1974 o 1975.

¿Se ha quemado la piel con un cigarrillo?

–Nunca voluntariamente.

¿Ha tallado en un tronco de árbol el nombre de la persona amada?

–He cometido desmanes aún mayores, pero corramos un tupido velo.

¿Ha visto alguna vez a la mujer más hermosa del mundo?

–Sí, cuando trabajaba en una tienda, allá por el año ’84. La tienda estaba vacía y entró una mujer hindú. Parecía y tal vez fuera una princesa. Me compró algunos colgantes de bisutería. Yo, por descontado, estaba a punto de desmayarme. Tenía la piel cobriza, el pelo largo, rojo, y por lo demás era perfecta. La belleza intemporal. Cuando tuve que cobrarle me sentí muy avergonzado. Ella me sonrió como si me dijera que lo entendía y que no me preocupara. Luego desapareció y nunca más he vuelto a ver a alguien así. A veces tengo la impresión de que era la mismísima diosa Kali, patrona de los ladrones y de los orfebres, sólo que Kali también era la deidad de los asesinos, y esta hindú no sólo era la mujer más hermosa de la Tierra sino que también parecía ser una buena persona, muy dulce y considerada.

¿Le gustan los perros o los gatos?

–Las perras, pero ya no tengo animales.

¿Qué cosas recuerda de su niñez?

–Todo. No tengo mala memoria.

¿Coleccionaba figuritas?

–Sí. De fútbol y de actores y actrices de Hollywood.

¿Tenía una patineta?

–Mis padres cometieron el error de regalarme un par de patines cuando vivimos en Valparaíso, que es una ciudad de cerros. El resultado fue desastroso. Cada vez que me ponía los patines era como si me quisiera suicidar.

¿Cuál es su equipo de fútbol favorito?

–Ahora ninguno. Los que bajaron a segunda y luego, consecutivamente, a tercera y a regional, hasta desaparecer. Los equipos fantasmas.

¿A qué personajes de la historia universal le hubiera gustado parecerse?

–A Sherlock Holmes. Al capitán Nemo. A Julien Sorel, nuestro padre, al príncipe Mishkin, nuestro tío, a Alicia, nuestra profesora, a Houdini, que es una mezcla de Alicia, de Sorel y de Mishkin.

¿Se enamoraba de las vecinas más grandes que usted?

–Por supuesto.

¿Las compañeras de la escuela le prestaban atención?

–No creo. Al menos yo estaba convencido de que no.

¿Qué cosas debe a las mujeres de su vida?

–Muchísimo. El sentido del desafío y la apuesta alta. Y otras cosas que me callo por decoro.

¿Ellas le deben algo a usted?

–Nada.

¿Ha sufrido mucho por amor?

–La primera vez, mucho, después aprendí a tomarme las cosas con algo más de humor.

¿Y por odio?

–Aunque suene un poco pretencioso, nunca he odiado a nadie. Al menos estoy seguro de ser incapaz de un odio sostenido. Y si el odio no es sostenido, no es odio, ¿no?

¿Cómo enamoró a su esposa?

–Cocinándole arroz. En esa época yo era muy pobre y mi dieta era básicamente de arroz, así que lo aprendí a cocinar de muchas formas.

¿Cómo era el día que se hizo padre por primera vez?

–Era de noche, poco antes de las 12, yo estaba solo, y como no se podía fumar en el hospital me fumé un cigarrillo virtualmente encaramado en el artesonado de la cuarta planta. Menos mal que no me vio nadie desde la calle. Sólo la luna, habría dicho Amado Nervo. Cuando volví a entrar una enfermera me dijo que mi hijo ya había nacido. Era muy grande, casi calvo del todo, y con los ojos abiertos como preguntándose quién demonios era ese tipo que lo tenía en los brazos.

¿Lautaro será escritor?

–Yo sólo espero que sea feliz. Así que mejor que sea otra cosa. Piloto de avión, por ejemplo, o cirujano plástico, o editor.

¿Qué cosas reconoce en él como suyas?

–Por suerte se parece mucho más a su madre que a mí.

¿Le preocupan las listas de ventas de sus libros?

–En lo más mínimo.

¿Piensa alguna vez en sus lectores?

–Casi nunca.

¿Qué cosas de todas las que le han dicho sus lectores en torno de sus libros lo han conmovido?

–Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.

¿Qué cosas lo han enojado?

–A estas alturas enojarse es perder el tiempo. Y, lamentablemente, a mi edad el tiempo cuenta.

¿Ha tenido miedo alguna vez de sus fans?

–He tenido miedo de los fans de Leopoldo María Panero, el cual, por otra parte, me parece uno de los tres mejores poetas vivos de España. En Pamplona, durante un ciclo organizado por Jesús Ferrero, Panero cerraba el ciclo y a medida que se aproximaba el día de su lectura la ciudad o el barrio donde estaba nuestro hotel se fue llenando de freaks que parecían recién escapados de un manicomio, que, por otra parte, es el mejor público al que puede aspirar cualquier poeta. El problema es que algunos no sólo parecían locos sino también asesinos y Ferrero y yo temimos que alguien, en algún momento, se levantara y dijera: yo maté a Leopoldo María Panero y después le descerrajara cuatro balazos en la cabeza al poeta, y ya de paso, uno a Ferrero y el otro a mí.

¿Qué siente cuando hay críticos como Darío Osses que considera que usted es el escritor latinoamericano con más futuro?

–Debe ser una broma. Yo soy el escritor latinoamericano con menos futuro. Eso sí, soy de los que tienen más pasado, que al cabo es lo único que cuenta.

¿Le despierta curiosidad el libro crítico que está preparando su compatriota Patricia Espinoza?

–Ninguna. Espinoza me parece una crítica muy buena, independientemente de cómo vaya a quedar yo en su libro, que supongo que no muy bien, pero el trabajo de Espinoza es necesario en Chile. De hecho, la necesidad de una, llamémosla así, nueva crítica, es algo que empieza a ser urgente en toda Latinoamérica.

¿Y el de la argentina Celina Mazoni?

–A Celina la conozco personalmente y la quiero mucho. A ella le dediqué uno de los cuentos de Putas asesinas.

¿Qué cosas lo aburren?

–El discurso vacío de la izquierda. El discurso vacío de la derecha ya lo doy por sentado.

¿Qué cosas lo divierten?

–Ver jugar a mi hija Alexandra. Desayunar en un bar al lado del mar y comerme un croissant leyendo el periódico. La literatura de Borges. La literatura de Bioy. La literatura de Bustos Domecq. Hacer el amor.

¿Escribe a mano?

–La poesía, sí. Lo demás, en una vieja computadora de 1993.

Cierre los ojos, ¿cuál de todos los paisajes de la Latinoamérica que usted recorrió le viene primero a la memoria?

–Los labios de Lisa en 1974. El camión de mi padre averiado en una carretera del desierto. El pabellón de tuberculosos de un hospital de Cauquenes y mi madre que nos dice a mi hermana y a mí que aguantemos la respiración. Una excursión al Popocatépetl con Lisa, Mara y Vera y alguien más que no recuerdo, aunque sí recuerdo los labios de Lisa, su sonrisa extraordinaria.

¿Cómo es el paraíso?

–Como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa.

¿Y el infierno?

–Como Ciudad Juárez, que es nuestra maldición y nuestro espejo, el espejo desasosegado de nuestras frustraciones y de nuestra infame interpretación de la libertad y de nuestros deseos.

¿Cuándo supo que estaba gravemente enfermo?

–En el ’92.

¿Qué cosas de su carácter cambió la enfermedad?

–Ninguna. Supe que no era inmortal, lo cual, a los 38 años, ya iba siendo hora de que lo supiera.

¿Qué cosas desea hacer antes de morir?

–Ninguna en especial. Bueno, preferiría no morirme, claro. Pero tarde o temprano la distinguida dama llega, el problema es que a veces no es una dama ni mucho menos es distinguida, sino más bien, como dice Nicanor Parra en un poema, es una puta caliente, que es algo que hace dar diente con diente al más pintado.

¿Con quién le gustaría encontrarse en el más allá?

–No creo en el más allá. Si existiera, qué sorpresa. Me matricularía de inmediato en algún curso que estuviera dando Pascal.

¿Pensó alguna vez en suicidarse?

–Por supuesto. En alguna ocasión sobreviví precisamente porque sabía cómo suicidarme si las cosas empeoraban.

¿Creyó en algún momento que se estaba volviendo loco?

–Por supuesto, pero me salvó siempre el sentido del humor. Me contaba historias que me volvían loco de risa. O recordaba situaciones que hacían que me tirara al suelo a reírme.

La locura, la muerte y el amor, ¿de qué de estas tres cosas ha habido más en su vida?

–Espero de todo corazón que haya habido más amor.

¿Qué cosas lo hacen reír a mandíbula batiente?

–Las desgracias propias y ajenas.

¿Qué cosas lo hacen llorar?

–Lo mismo: las desgracias propias y ajenas.

¿Le gusta la música?

–Mucho.

¿Usted ve su obra como la suelen ver sus lectores y críticos: arriba de todo Los detectives salvajes y luego todo lo demás?

–La única novela de la que no me avergüenzo es Amberes, tal vez porque sigue siendo ininteligible. Las malas críticas que ha recibido son mis medallas ganadas en combate, no en escaramuzas con fuego simulado. El resto de mi “obra”, pues bueno, no está mal, son novelas entretenidas, el tiempo dirá si algo más. Por ahora me dan dinero, se traducen, me sirven para hacer amigos que son muy generosos y simpáticos, puedo vivir, y bastante bien, de la literatura, así que quejarse sería más bien gratuito y desagradecido. Pero la verdad es que no les concedo mucha importancia a mis libros. Estoy mucho más interesado en los libros de los demás.

¿No le sacaría algunas páginas a Los detectives salvajes?

–No. Para sacarle páginas tendría que releerlo y eso mi religión me lo prohíbe.

¿No le da miedo que alguien quiera hacer la versión cinematográfica de la novela?

–Ay, Mónica, yo les tengo miedo a otras cosas. Digamos: cosas más terroríficas, infinitamente más terroríficas.

¿”El ojo Silva” es un homenaje a Julio Cortázar?

–De ninguna manera.

Cuando terminó de escribir “El ojo Silva”, ¿no sintió que había escrito un cuento capaz de estar a la altura, por ejemplo, de “Casa tomada”?

–Cuando terminé de escribir “El ojo Silva” dejé de llorar o algo parecido. Qué más quisiera yo que se pareciera a uno de Cortázar, aunque “Casa tomada” no es uno de mis favoritos.

¿Cuáles son los cinco libros que marcaron su vida?

–Mis cinco libros en realidad son cinco mil. Menciono éstos sólo a manera de punta de lanza o embajada aviesa: El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa, de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Pero también debería citar: Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus, de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos, de Pascal.

¿Se lleva bien con su editor?

–Bastante bien. Herralde es una persona inteligente y a menudo encantadora. Tal vez a mí me convendría más que no fuera tan encantador. Lo cierto es que ya hace ocho años que lo conozco y, al menos de mi parte, el cariño no hace más que crecer, como dice un bolero. Aunque tal vez me convendría no quererlo tanto.

¿Qué dice de los que piensan que Los detectives salvajes es la gran novela mexicana de la contemporaneidad?

–Que lo dicen por lástima, me ven decaído o desmayándome en las plazas públicas y no se les ocurre nada mejor que una mentira piadosa, que por lo demás es lo más indicado en estos casos y ni siquiera es pecado venial.

¿Es cierto que fue Juan Villoro el que le convenció para que no titulara Tormentas de mierda a su novela Nocturno de Chile?

–Entre Villoro y Herralde.

¿De quién más escucha consejos alrededor de su obra?

–Yo no escucho consejos de nadie, ni siquiera de mi médico. Yo doy consejos a diestra y siniestra, pero no escucho ninguno.

¿Cómo es Blanes?

–Un pueblo bonito. O una ciudad pequeñita, de treinta mil habitantes, bastante bonita. Fue fundada hace dos mil años, por los romanos, y luego pasaron por aquí gente de todos los lugares. No es un balneario de ricos sino de proletarios. Obreros del norte o del este. Algunos se quedan a vivir para siempre. La bahía es bellísima.

¿Extraña algo de su vida en México?

–Mi juventud y las caminatas interminables con Mario Santiago.

¿A qué escritor mexicano admira profundamente?

–A muchos. De mi generación admiro a Sada, cuyo proyecto de escritura me parece el más arriesgado, a Villoro, a Carmen Boullosa, entre los más jóvenes me interesa mucho lo que hacen Alvaro Enrigue y Mauricio Montiel, o Volpi e Ignacio Padilla. Sigo leyendo a Sergio Pitol, que cada día escribe mejor. Y a Carlos Monsiváis, el cual, según me contó Villoro, motejó como Pol Pit a Taibo 2 o 3 (o 4), lo que me parece un hallazgo poético. Pol Pit, ¿es perfecto, no? Monsiváis sigue con las uñas aceradas. También me gusta mucho lo que hace Sergio González Rodríguez.

¿El mundo tiene remedio?

–El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y ésa es nuestra suerte.

¿Usted tiene esperanzas, en qué, en quiénes?

–Mi querida Maristain, vuelve usted a empujarme a los potreros de la cursilería, que son mis potreros natales. Yo tengo esperanza en los niños. En los niños y en los guerreros. En los niños que follan como niños y en los guerreros que combaten como valientes. ¿Por qué? Me remito a la lápida de Borges, como diría el ínclito Gervasio Montenegro, de la Academia (como Pérez Reverte, fíjese usted) y no hablemos más de este asunto.

¿Qué sentimientos le despierta la palabra póstumo?

–Suena a nombre de gladiador romano. Un gladiador invicto. O al menos eso quiere creer el pobre Póstumo para darse valor.

¿Qué opina de quienes opinan que usted ganará el Premio Nobel?

–Estoy seguro, querida Maristain, de que no lo ganaré, como también estoy seguro de que algún atorrante de mi generación sí que lo ganará y ni siquiera me mencionará de pasada en su discurso de Estocolmo.

¿Cuándo ha sido más feliz?

–Yo he sido feliz casi todos los días de mi vida, al menos durante un ratito, incluso en las circunstancias más adversas.

¿Qué le hubiera gustado ser si no hubiera sido escritor?

–Me hubiera gustado ser detective de homicidios, mucho más que ser escritor. De eso estoy absolutamente seguro. Un tira de homicidios, alguien que puede volver solo, de noche, a la escena del crimen, y no asustarse de los fantasmas. Tal vez entonces sí que me hubiera vuelto loco, pero eso, siendo policía, se soluciona con un tiro en la boca.

¿Confiesa que ha vivido?

–Bueno, sigo vivo, sigo leyendo, sigo escribiendo y viendo películas, y como les dijo Arturo Prat a los suicidas de la Esmeralda, mientras yo viva, esta bandera no se arriará.

Encontrado en:  http://sololiteratura.com/bol/bolanolaultima.htm

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“Si mi poesía intenta algo, es liberar a la gente de sus límites para ver y sentir.”

James Douglas Morrison   “The Lizard King”

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A Falta De..(Tributo A The Ramones)


A falta de actitud, conciencia y rockand roll en la juventud actual me he dado la tarea de redactar en este sitio enseñanzas matemáticas, de cine, de libros y libros!de blues,surf, metal and rock en general.

Y bueno, Porque no empezar con algo básico que se ha ido perdiendo en los últimos años

La Actitud

¿Donde quedaron aquellos músicos que solían expresar sus inconformidades de este mundo loco donde vivimos? ¿A donde fueron aquellos poetas que con sus palabras hacían volar nuestras mentes hacia el espacio, hacia cualquier lugar en el tiempo,hacia nuestra alma?

¿Donde se esconden aquellos virtuosos que parecían haber sidos tocados por Dios o el mismísimo Satanás para darnos unos interminables y estruendosos solos de bateria, unos salvajes y puros solos de guitarra que nos rompian los dientes, aquellas increibles voces que nos ponen la piel de gallina y nos parten 2?

Muchos de ellos ya se nos han adelantado, pero aun tenemos a muchos que siguen rolando,que siguen creando y renovando nuestras vidas !!Y que hay que aprovechar al maximo antes de que se nos vayan!!

Ahora viene lo bueno… y que contradice todo lo escrito en la parte de arriba..excepto por eso llamado Actitud

Desde las calles de Queens en la ciudad de Nueva York en 1974 llegaron estos 4 sujetos que cambiarian la perspectiva e influenciarian a muchas bandas y generaciónes de jovenes hasta la actualidad.

No eran musicos sorprendentes, no hacian solos de guitarra de 15 minutos, su vocalista podria ser cualquier tio tuyo y no notarias mucho la diferencia(al menos que tu tio fuera calvo, en ese caso nomas le pones una peluca), no eran guapos ni musculosos, ni tenian peinados de princesas, no se maquillaban ni tenian ropa bonita y limpia, no eran super estrellas del rock, ni tocaban en grandes estadios, ni eran super famosos ni millonarios………no sabian ni tocar!!!!

Pero eso no importo nunca a Joey,Johnny,Dee Dee y Tommy porque elllos tenian y creian en la verdadera escencia del rock, tocaban,discutian y se peleaban y regresaban a tocar.

Estaban cansados y aburridos de lo clasico,de lo experimental,de lo psicodelico, lo unico que querian era divertirse y emboracharse!!

Algunos personas diran que no fueron mas que basura, otros que no eran tan punks como los Sex Pistols y que no llevan la ideologia como The Clash.

Pero vamos, eran auntenticos originales y aunque siempre tocaban los mismos acordes en la mayoria de las canciones (por no decir todas) te diviertes con ellas, la pasas bien, mueves la cabeza, te pones de buen humor.

Todo era sencillo y divertido, al mismo tiempo que rebelde e inovador, en algun punto The Ramones llevo el “Hazlo tu mismo” a todo el mundo, a ya casi mas de 30 años de que dieran su primer concierto aun siguen sonando.

Se fue perdiendo la actitud y la diversión gracias a la Entivi (MVT) a los medios, a la televisión que quisieron usar al punk como una moda, vender la ropa y accesorios, hacer bandas basura, acabar con el arte.

Hoy en día cualquiera lleva la puesta una playera con el logo de los Ramones encima sin saber lo que hay detras de el.

The Ramones eran sucios, desafinados,era duros eran rock and roll!!

Ahora eso te lo venden en Liverpool, Sears y etc.

Basta con ver imagenes y videos de los de Queens para inspirarse y decir! Carajo yo quiero ser un Ramone!!

Do you remember lying in bed with your covers
Pulled up over your head? Radio playin’ so one can see.
We need change, we need it fast before rock’s just part Of the past.
‘Cause lately it all sound the same to me.

(Para bajar las canciones hagan click en el nombre, despues download)

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El precio único, condición indispensable


Ensayo

Daniel Goldin

El precio único,condición indispensable

El veto del presidente Fox a la Ley del Libro, aprobada por todos los grupos
parlamentarios, supone un duro revés para los autores, libreros y editores
independientes de nuestra frágil industria editorial, y para los lectores.
Daniel Goldin analiza el eje toral de esta necesaria ley: el precio único.


EL presidente Fox retornó a la Cámara la Ley para el fomento del libro y la lectura, señalando que reconoce sus numerosos méritos pero que se opone al “precio único”. Al hacerlo les pide a los legisladores eliminar un capítulo

de la ley, como si se tratara de extirpar un quiste de un cuerpo saludable. Ha sido un acto torpe e irresponsable que pone en riesgo algunos de los logros más loables de su propia administración: la consolidación de las salas de lectura y el programa de bibliotecas de aula y escolares.

De poco sirvieron la decidida defensa de la ley realizada por los titulares de la sep y Conaculta y las palabras de editores y libreros. El Presidente hizo suyos los argumentos falaces, dogmáticos y miopes del titular de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), Eduardo Pérez Mota: la ley tiene grandes virtudes, pero afecta la libre competencia y al “consumidor”, pues incrementa los precios. Todavía el 31 de agosto Pérez Mota señalaba que la ley viola el Artículo 28 Constitucional. Si esto es cierto, ¿por qué no dejó que se publicara la ley, para luego solicitar su improcedencia ante la Suprema Corte? La respuesta es porque supo de antemano que no era posible probar tal inconstitucionalidad, y resultaba más sencillo vetar la ley apelando al dogma de la libre competencia. Ya se sabe: en materia económica, nuestros gobiernos son ortodoxos. Gabriel Zaid demostró en esta revista cómo, lejos de alentar el monopolio, el precio único propicia la libre competencia.
Muchos otros se han encargado de desmontar las mentiras y proveer información económica correcta sobre esto (ver www.leydellibro.org.mex).
Me interesa ahora abordar este tema desde la perspectiva de la formación de lectores –la meta política cultural y educativa del sexenio, y una de las líneas de continuidad en nuestras políticas públicas. Y es que esta Ley era el primer intento de dotar de un marco jurídico al sistema del libro y la lectura de una forma integral. Y en ese cuerpo, el precio único es un instrumento fundamental, no un mero pegoste: una primera medida concreta, sistémica, para romper el círculo vicioso que ha caracterizado al Estado mexicano en su política de formación de lectores. Es algo elemental, pero curiosamente soslayado en las políticas culturales y educativas del Estado: la salud del mercado del libro es uno de los indicadores más claros del éxito de las políticas educativas y culturales.

Desde la tantas veces mentada gestión de Vasconcelos hasta la dotación de decenas de títulos para cada una de las
850,000 aulas de las escuelas públicas del país, el Estado ha invertido una enorme cantidad de recursos por acercar a los mexicanos a los libros. No hay ningún país que lo iguale en toda Iberoamérica ni probablemente en el mundo: más de cinco mil millones de libros repartidos gratuitamente, la edificación y aprovisionamiento de 7,200 bibliotecas, más de 5,900
salas de lectura, incontables coediciones, ferias, premios y becas a escritores. ¿Por qué todos estos recursos no han servido para crear un mercado editorial acorde con las dimensiones del país, su crecimiento demográfico y educativo? Se trata de una pregunta que deberían intentar responder los responsables de las políticas educativas y culturales del Estado. Y también todas las personas interesadas en la vida pública, pues el mercado lector (de libros, periódicos y revistas) no es el espacio donde se expresan los intereses mezquinos de editores y libreros, sino el lugar donde se valoran las ideas, en el que se patentiza el valor social del diálogo y
la diversidad; en pocas palabras, el sitio en el que la cultura democrática cobra cuerpo y del cual se alimenta.
“Sobre la disponibilidad y acceso equitativo al libro”, el capítulo vetado por el presidente Fox, contiene la obligación de vender cada ejemplar de un mismo título al mismo precio en cualquier punto de venta de la República, de Coyoacán a Tapachula o Ciudad Juárez, en librerías, tiendas de autoservicio
o cualquier otro lugar. La posibilidad de que alguien infrinja la ley por el hecho de vender con descuento un libro puede parecer una aberración. Pero es, por el contrario, una primera medida para evitar la concentración de la oferta editorial. Y mucho más que eso.

Según el Atlas de infraestructura cultural de México publicado por Conaculta en 2003, México cuenta con 1,100 librerías, el 94% de los municipios no tiene ni una sola, y el 40% de las existentes se concentran en la ciudad de México. Las asociaciones de libreros consideran que en realidad sólo existen la mitad, y reportan que se siguen cerrando. Haya una por cada cien mil habitantes o por cada doscientos mil, la conclusión es similar: es imposible convertir a México en un país de lectores si no se hace algo por multiplicar y repartir más equitativamente los puntos de encuentro con los libros. De poco sirve dotar a cada aula de una estupenda selección de libros si, para continuar su formación lectora, el niño tiene que desplazarse decenas o centenas de kilómetros. Regalar libros a los niños y de paso apoyar a los editores, sin contar al mismo tiempo con un marco jurídico que permita el crecimiento de las librerías, es dar paliativos y derrochar esfuerzos y recursos, además de una incoherencia educativa.
El argumento de la Cofeco supone que la salud de las librerías no es relevante para los lectores. Y es que, en el mundo globalizado, los libros se pueden encontrar por internet. Ignorancia del proceso de formación lectora, de la economía del libro, pero sobre todo de la realidad en la que habita la inmensa mayoría de los mexicanos, y desinterés por ella: eso es lo que demuestran los funcionarios que se han opuesto a la Ley y sus pregoneros. Sin embargo, desde el punto de vista de la formación de lectores, las librerías son uno de los sitios privilegiados para posibilitar el encuentro del lector con el libro.

El precio único no sólo propicia que haya más espacios y estén más equitativamente distribuidos, sino que esos encuentros sean más decisivos.
Sólo para quien no lee existen los libros, en general.

Para un lector existe tal o cual título específico. Y es desde esa dimensión del libro concreto y singular como la lectura abre puertas, responde preguntas, ilumina, conmueve o hace surgir nuevos interrogantes.

En un primer momento, puede verse como una medida para defender a las pequeñas editoriales y librerías frente a las grandes, y a las librerías frente a la competencia de otros establecimientos comerciales, como las tiendas departamentales o los supermercados, que usan el libro como gancho.
Pero en el largo plazo es mucho más que eso.
En principio, es una condición necesaria para garantizar una oferta editorial variada, que no esté regulada sólo por criterios comerciales. Es importante recordar que el precio único surgió en Europa en el siglo xviii, cuando los editores dejaron de ser libreros. Entre otras cosas, para garantizar que no sea el criterio del distribuidor el que determine la oferta editorial. Es, en efecto, una medida por la libertad de expresión y de pensamiento.
Es una manera de evitar la concentración y evitar la discriminación geográfica, pero sobre todo es una forma de trasladar la competencia al ámbito de la calidad y variedad de la oferta, y de la calidad y oportunidad de los servicios. A este respecto, es preciso señalar que, más que atentar contra los intereses de las grandes superficies, las obliga a transformarse. En muchos países ha dado lugar a que esas tiendas amplíen la diversidad de
títulos, mejoren su atención y busquen competir con las pequeñas
superficies en el terreno que justamente más beneficia al lector: los servicios y la variedad y calidad de su oferta.
Colateralmente, además, conduce a una reducción de precios (sea por la reducción de márgenes o por la de costos derivada de la ampliación del tiraje, la reducción de las devoluciones o la ampliación del tiempo de exposición).
El precio único es una medida sistémica y frágil para un problema complejo, que cada día se adopta por más países, aunque algunos lo hayan eliminado. La Cofeco y sus pregoneros han citado frecuentemente el caso de Finlandia. Ignoran u ocultan que, desde que en 1971 se abolió la ley del precio fijo, se
redujeron de setecientas cincuenta a cuatrocientas cincuenta las librerías en ese país, según un reporte de la Finnish Book Publishers Association. Y, lo que es más importante: que aun así Finlandia tiene un alto índice de librerías por habitante.
Finlandia cuenta además con un sistema de bibliotecas de primer nivel, que estimula la formación de lectores, pues las compras, como sucede en muchos países europeos, las deciden los propios bibliotecarios y se realizan a través de las librerías,lo que garantiza que las bibliotecas estén alimentadas con novedades y títulos acordes con sus usuarios. Si la derogación no causó mayores estragos es porque en ese país (que en 2000 y 2003 tuvo las más altas notas de los países examinados en materia de comprensión lectora) la educación se ha visto como una cuestión estratégica para la economía, de modo que pueda ser lo que ha decidido ser: el país líder en innovación. Por eso piensan la ecuación integralmente.
Lo que la Cofeco no comprendió es algo elemental en la formación de un buen lector. Que, para usar adecuadamente la información que tienen los libros, hay que saber también leer el propio entorno. En este momento, para hacer de México un “país de lectores”, por usar un lema que en realidad debería ser “un país de ciudadanos informados con armas para construir su futuro”, el Estado necesita hacer muchas cosas (invertir en educación, en capacitación, en infraestructura y acervos); debe brindar apoyos (a la edición y la competitividad del libro mexicano) y debe crearlas condiciones para que otros puedan realizar sus tareas (un marco legislativo adecuado).

En cualquiera de los tres casos, determinar si la medida o el programa contribuye a la creación del mercado es su prueba de ácido. En este sentido,
ciertamente se necesita mucho más que el precio único, pero
el precio único es imprescindible. ~

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Paradoja Auditiva


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